Íbamos a
tener el privilegio de conocer los entresijos del Festival de cortos de Terror
y de Ficción La vieja encina, de San
Nicolás del Puerto, un pueblo de 500 habitantes de la sierra Norte de
Sevilla. Lo que parecía sería una sesión de cortos más o menos interesantes se
convirtió en una espléndida sesión de cine gracias a la energía de Juan Antonio
Hidalgo Casaux, director y alma del mismo. Un cuerpo grande y fuerte enfundado
en una camiseta juvenil con un puño provocador de Mazinguer Z, empezó a hablar
de la gestación y la historia del festival de cortos, amén de las bonanzas del
mejor pueblo del mundo: San Nicolás del puerto. Y como un encantador nos
fue contagiando su entusiasmo. Cuando alguien habla con tanta pasión de un tema
no puedes dudar de que será algo extraordinario. Y eso es así porque una
actitud positiva contagia a quienes le rodean y el efecto es multiplicador,
hasta convertirse en un foco que irradia energía y a la vez atrae más y más
energía de quienes caen en el espacio de influencia. Directamente en el
proyecto trabajan 9 personas, pero en elmomento del Festival todo el pueblo
termina implicado y beneficiado por la repercusión económica que tiene la
presencia de tantas personas en toda la comarca y en una época, enero, en que
la vida y la economía están en su momento más bajo.
Así nos
sentimos quienes participamos de esa sesión, atraídos por esos ojos minúsculos
pero permanentemente risueños por los que salía a borbotones toda la
información y los nombres de la gran cantidad de personas que ya han pasado por
ese pequeño pueblo que llega a reunir 3000 personas en los cuatro días que dura
el Festival.
Y después,
el festín de cortos que Juan Antonio había seleccionado de esos cuatro años de
vida de entre más de 2600 trabajos de 90 países de todo el mundo:
Pudimos
disfrutar de piezas extraordinarias como:
Curvas
de David Galán, premio del público 2014
Aún
hay tiempo, de Albert Pintó, 2º premio 2015
Time Lapse, de Christian Avilés finalista 2017
Zero, de David Victori, producido por Ridley Scot,
muestra de la genialidad española en el trabajo de los efectos especiales.
Arrópame, de Tuck Mein
Flash,
de Alberto Ruiz, 1º Premio 2015
Prohibido
arrojar cadáveres a la basura, de Clara Bilbao, Premio del público
de 2015
Fue un
broche de oro a la labor de nuestro profesor José Mª Claver que con más energía
y entusiasmo, si cabe, que su amigo Juan Antonio ha venido dedicando su tiempo,
su sabiduría y su pasión de manera altruista en aras del conocimiento y del
disfrute del mundo del cine.
Lástima que
la sala no estuviera llena como cabría esperar; las personas que sí estuvimos
salimos reconfortadas y reconciliadas con la vida por estos modelos de buen
hacer.
Gracias
No hay comentarios:
Publicar un comentario