Frente a la iglesia de Santiago, en A Coruña, nos
encontramos la casa de Emilia Pardo Bazán. Dedicamos una mañana a visitar la casa,
hoy además sede de la Academia Galega.
Si hay una figura femenina de finales del s. XIX y
principios del XX que destaque en el panorama cultural español fue Emilia Pardo Bazán, (A Coruña 1851- Madrid
1921), novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poeta, dramaturga,
traductora, editora, catedrática y conferenciante española, introductora del
naturalismo en España. Hija única de una
familia nobiliaria, recibió una esmerada educación de su padre que le inculcó
las primeras ideas de igualdad de derechos de las mujeres.
Hoy destacamos su papel de mujer adelantada a su tiempo, no solo en la literatura sino como defensora de la equidad. Sufrió constantes ataques de los hombres escritores de su época que impidieron su acceso a un sillón de la Academia de la Lengua española a pesar de la calidad de su obra. (Repárese en los nombres que rechazaron su solicitud)
Fue la primera escritora
que reivindicó la escritura como medio de vida y de independencia de las mujeres, y así lo hizo tras separarse de su marido:
«Me he propuesto vivir exclusivamente del trabajo literario, sin recibir nada de mis padres, puesto que si me emancipo de cierto modo de la tutela paterna, debo justificar mi emancipación no siendo en nada dependiente; y este propósito, del todo varonil, reclama en mí fuerza y tranquilidad»
«Me he propuesto vivir exclusivamente del trabajo literario, sin recibir nada de mis padres, puesto que si me emancipo de cierto modo de la tutela paterna, debo justificar mi emancipación no siendo en nada dependiente; y este propósito, del todo varonil, reclama en mí fuerza y tranquilidad»
Ella profundizaría en esas ideas y hoy es considerada una de las precursoras del feminismo en España. Reivindicó la instrucción de las mujeres como algo fundamental y dedicó una parte importante de su actuación pública a defenderlo:
“Instrucción, instrucción, instrucción, equidad, equidad,
libertad, acceso á todo; que la mujer pueda hacer cuanto la permitan sus
facultades, sin tropezar en preocupaciones ni en caprichosas trabas”.
Defensora del trabajo literario, se impuso como disciplina escribir 15 cuartillas diarias, por el papel transformador de la escritura su ingente obra aún no ha sido totalmente estudiada.
Innovadora con su novela "La tribuna" donde introduce la nueva corriente europea, el naturalismo, y el tema social con el papel de Amparo, una mujer en un trabajo industrial, la fábrica de tabacos, y el relato de una huelga de esas trabajadoras que luchan por obtener mejoras laborales.
“Nunca tanto como en aquel instante decisivo y supremo
resaltara a sus ojos la semejanza de la linda ciudad con un cuerpo de mujer,
bien ceñida por torneado corsé la delgada cintura, y sueltos a partir de ella
los pliegues de la faldamenta amplia y rumorosa. Dos conchas llenas de
esmeraldas parecían los dos mares, el de la Bahía y el del Varadero, que
comprimían a derecha e izquierda el esbelto talle de la ciudad; y el nevado
caserío, con sus fachadas de miles de cristales, heridas por el Poniente,
fingía sobre aquel talle primoroso el culebreo de un bordado de lentejuelas
destellando a la luz de una tea roja...”
Desde el interior de su casa leí el texto sobre la
fachada de la iglesia de Santiago que ella veía permanentemente:
"Verdad que por el otro lado, (…), orientado al naciente, la
virazón marítima calla y no se oye más que el goteo argentino de la lluvia en
los cristales.
Pero se ve –tan cerca que se me viene encima, que me parece
estarla tocando, y entre una piña de bohardillas, tejados y chimeneas- la
fachada gótica de la iglesia de Santiago; vista muy adecuada para producirme
esa emoción especial que me causan los monumentos de otras épocas, y que a la
larga, llega a ser dolorosa.
Entre las piedras mal unidas rompen a veces unas matas vivaces
de silvestres alelíes: pero raro es que apenas abren sus ojos amarillos no los
mande arrancar el buen párroco, celoso del ornato de la fachada. Y ésta se
queda monda y lironda, gris y pálida, con su cornisa cuarteada por el peso de
los años, su pórtico de arco apuntado, señalando ya la ojiva, y sus dos santos
de piedra que sostienen el arco y se miran inmóviles, siempre desde la misma
distancia, a guisa de almas enamoradas que no pueden jamás reunirse..."
E imaginé a nuestra escritora queriendo salir de esa
pesada visión de la iglesia y abrirse a la luminosa vitalidad de horizontes más
libres, y más livianos.
Fuentes:
No hay comentarios:
Publicar un comentario