Mis queridísimos cantautores, fieles a sus esencias verdaderas, caballeros portadores de sueños, desfacedores de telarañas aburridas, arrinconadas, tristes y mezquinas, sembradores de ilusiones y alegrías.
A pecho descubierto, incombustibles al desaliento, cada vez más profundos, convertís cada nueva canción en salvavidas, tan valiosos como un abrazo, como una sonrisa, a los que nos agarramos como supervivientes de un naufragio. Mis amados Daniel Mata y Miguel Bueno
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